Diagnóstico

En general, el médico diagnostica la quinta enfermedad por el característico salpullido y/o la artralgia evidentes durante el examen. Esto es suficiente para detectar esta enfermedad en niños o adultos sanos. El salpullido no siempre es evidente. Es importante confirmar el diagnóstico en el caso de mujeres embarazadas, pacientes con deficiencia en el sistema inmunológico o individuos anémicos. Para eso se toma una muestra de sangre que se examina en busca de anticuerpos contra el virus. Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmune en respuesta a un germen extraño. Para diagnosticar la quinta enfermedad, el médico buscará dos tipos diferentes de anticuerpos: la inmunoglobulina G (IgG) y la inmunoglobulina M (IgM). La presencia de IgM demuestra que actualmente sufre o acaba de sufrir esta infección. La presencia de IgG demuestra que ya tuvo el virus y no debe preocuparse por contraerlo otra vez. Si no cuentan con ninguno de estos anticuerpos, está predispuesta a contraer la infección y, en caso de estar embarazada, debe tomar medidas preventivas. Tales medidas incluyen: mantenerse alejada de individuos infectados, lavarse las manos frecuentemente y estar atenta a cualquier brote de la enfermedad en su zona.

Tratamiento

El tratamiento de los síntomas de la quinta enfermedad generalmente es suficiente para aliviar al paciente. Algunos de estos síntomas son fiebre, dolores articulares y picazón. Los adultos con dolores en la coyunturas deben guardar reposo y tomar medicamentos anti-inflamatorios y analgésicos. Aquellos pacientes que sufren anemia tal vez precisen ser hospitalizados para recibir transfusiones de sangre. Los individuos con problemas inmunológicos necesitarán cuidados especiales y un tratamiento con anticuerpos para ayudar a su cuerpo a deshacerse de la infección.

Tratamiento durante el embarazo

En caso de contraer la quinta enfermedad es imperativo recibir el tratamiento correcto ya que el 30% de las mujeres embarazadas no inmunes transmite esta infección al feto. En las Pautas para los obstetras/ginecólogos se indica que las mujeres embarazadas infectadas deben someterse a una ecografía para identificar alguna anormalidad congénita en el feto. El obstetra/ginecólogo debe solicitar ecografías semanales durante 8-10 semanas luego de la infección inicial. En esta primera etapa es posible detectar lesiones fetales y tratarlas.

Si en una de las ecografías se detecta hidropesía fetal será necesario realizar un tratamiento adicional. Este puede incluir un examen de la sangre del feto y entonces una transfusión intrauterina de sangre. De esta forma, el bebé tendrá sangre fresca y oxigenada.

Boletín Práctico de la ACOG – Pautas de Gestión Clínica para Obstetras/Ginecólogos
Número 20 – Septiembre 2000

La siguiente recomendación se basa en datos científicos limitados e inconsistentes (Nivel B): Las mujeres que presentan infección aguda de parvovirus B19 durante su embarazo deben ser controladas con ecografías durante al menos 10 semanas luego de la infección en busca de la presencia de hidropesía fetal.

La siguiente recomendación está basada principalmente en el consenso y la opinión de expertos (Nivel C): Las mujeres embarazadas expuestas al parvovirus B19 deben someterse a pruebas serológicas para determinar si corren el riesgo de una seroconversión.

 

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